viernes, 29 de junio de 2012

Redes Sociales y participación democrática

El año 2011 irrumpió con fuerza en Chile un movimiento social que reclamó por cambios en el modelo de educación y en el modelo de desarrollo en general. Este movimiento social se caracteriza por ser transversal en lo político y en que partió movilizándose gente joven, aunque con el correr de los meses se incorporaron distintos grupos etarios. ¿Por qué ocurrió este fenómeno en un país caracterizado por la tranquilidad social y el mejoramiento persistente y por años de los parámetros económicos? ¿Qué relación tiene esta irrupción con las ocurridas en España o en EE.UU. o en Egipto?

Chile
La crisis económica global, los desempleados de la globalización, las preocupaciones por la salud ambiental del planeta y las ansias de libertad en aquellos lugares en donde se carece de ella, son causas inmensas que explican las inquietudes e indignación. Cada día son más las personas en todas partes buscan nuevas respuestas frente al modelo de desarrollo imperante que ha centrado las preocupaciones en lo material, quedando el ser humano traducido a estadísticas, sin obtener respuestas a las preocupaciones, dolores e intereses más profundos, incluidos los espirituales.

Existiendo causas para las inquietudes, las que se transforman en movimientos sociales y en manifestaciones de distinto índole, lo claro es que éstas han existido siempre en la historia y, optimistamente, hoy existiría mayor libertad (dados los avances democráticos) y mayor acceso a la información y a la educación. 

Entonces, ¿qué pasa hoy con estos estallidos simultáneos de protesta en tantos lugares con problemas aparentemente disímiles?

Una respuesta posible es que por primera vez existen los medios tecnológicos para que muchas personas (pronto quizás todas) puedan comunicarse y coordinarse, para participar e intentar tomar acción con respecto a aquellos tópicos que los afectan y que no les son satisfactorias. La convergencia entre Internet y la movilidad permite que esto ocurra en tiempos muy breves y la gente se comunica y se coordina en pos de un objetivo, saltando el antiguo control centralizado de la información y la comunicación, así como de la definición de pautas de los medios tradicionales. Como anticipara hace ya rato el canadiense Mc Luhan, hoy vivimos en una aldea global.

acampadas de Barcelona
Por otra parte, los sistemas político, económico, cultural y religioso, están diseñados para ser gestionados de manera centralizada y vicaria, a través de representantes empoderados para ello por medio de distintos procedimientos. Y se produce una gran incoherencia entre las nuevas capacidades tecnológicas para la coordinación y la participación al alcance de la gente y estos viejos diseños de los sistemas que rigen nuestra convivencia. La fuerza y la simultaneidad de los movimientos sociales se explicarían en esta incoherencia, profundizando la crisis de representación que hoy se manifiesta con tanta nitidez por todas partes.

En esta perspectiva, es posible vislumbrar desafíos gigantescos para quienes vicariamente detentan la conducción política, económica, cultural o religiosa, desafíos que les pondrá cada día con más fuerza la gente coordinada que está exigiendo respuestas y soluciones a sus demandas y que cuenta para la negociación con un poder nuevo: capacidad de coordinar acciones aquí y ahora, en tiempo real. Se hace así indispensable rediseñar los sistemas de representación y de participación ciudadana sobre la base de redistribuir el poder real para la toma de decisiones que les afecten directamente. Lo contrario garantiza que la movilización y la protesta continuarán.

Mirado desde las oportunidades, la distribución de poder a la gente permitiría su empoderamiento así como también su responsabilidad por las decisiones y priorización de los temas que los afectan, lo que contribuiría a mejorar la calidad de las decisiones y daría mayor viabilidad a su implementación al contar desde la base con el apoyo social necesario.

 

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